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lunes, 18 de febrero de 2013

La aritmética del perrito caliente

Hoy ceno solo.

Y he aquí que, mientras preparaba un sencillo plato para aplacar al gorila gigante que habita en mi estómago, he caído en la cuenta de la malignidad que encierra un envase de salchichas de Frankfurt.

El envase contiene 7 supositorios cárnicos. El 7 es un número primo, o sea de los difíciles de dividir. El siete solo se puede dividir entre uno y entre siete.



Analicemos varios escenarios:

a) El Rodríguez. Un comensal vs siete perritos calientes. Hay que ser muy tragaldabas para zamparse las siete piezas de una tacada. Podríamos decir que una ración adecuada serían 3-4 con lo cual sobran otras 4-3 salchichas que acabarán languideciendo en la nevera.

b) La pareja Dinki (Double Income No Kids). Siete entre dos es de mal repartir. La lógica obliga a aplicar un reparto asimétrico: 4 para el cazador, 3 para la recolectora. Si la recolectora se siente gorda, se dejará una salchicha que acabará bailando el limbo rock en el cubo de la basura.

c) Matrimonio con descendencia en edad de engullir alimentos sólidos. Siete entre tres vuelve a dar decimales; mal asunto. Comprar un segundo paquete (14/3) solo hace que empeorar el problema hasta el infinito.

d) Familia chabolista o familia del Opus, pongamos que de siete miembros. El número perfecto para un reparto equitativo. Basta con adquirir tantos paquetes de salchichas como unidades se vayan a ingerir por comensal. Las matemáticas nos llevan a la conclusión de que los extremos se tocan y las clases sociales se igualan delante de un plato de perritos calientes.

Y ahora la receta:

-Escoger 4 salchichas al azar y depositarlas en un plato.

-Colocar una loncha de queso para fundir encima de la cuatribarrada rosa.

-Insertar en el microondas y darle candela hasta que el queso haga puf y las salchichas parezcan momias andinas.

-Regar con ketchup y mostaza a discreción.

*Opción vegetariana: envolverlo todo con pan.



viernes, 20 de enero de 2012

Hell's Kitchen: Pulpo a lo pobre

Sí amigos, Hell's Kitchen vuelve con nuevas recetas para este 2012 repleto de precariedad y recortes.

 Que este año estemos de pleno en esa crisis de la que tanto nos hablan no debe representar un escollo insalvable para que nuestra mesa luzca platos de lo más sugerentes y económicamente viables.

El concepto de la receta que voy a detallar no es original. Ya la vi hace unos años, cuando oir hablar de recesión económica nos sonaba a crack del 29 y a alguien le pareció que hacer este plato podía ser gracioso.

Hoy, en lugar de ser gracioso, tiende a ser necesario. Lo que sí es de producción propia es el texto de la receta y la foto. Aquí va:


Pulpo a lo pobre.

Receta para cuatro personas.

Ingredientes

3 salchichas de frankfurt. Sí, lo sé. Alguien puede deducir fácilmente que 3 salchichas no son divisibles entre 4 comensales, pero es la realidad de la vida. Aquí va a tener que tomarse una decisión estratégica:

a) Estilo chorizo español: uno come, tres miran.

b) Estilo monje de refectorio: tres comen, uno lee.

 c) Estilo fraccionario: o la belleza y dificultad de cortar 3/4 de salchicha y sortear quién se zampa los retales,

d) Estilo asambleario: hacer una sentada, quejarse de lo mal que funciona el sistema, votar cosas y no llegar a ninguna solución por unanimidad.

Continuemos con los ingredientes.


Tres o seis granos de pimienta negra para los ojos (no confundir con spray de defensa personal). Lo de las unidades, luego veremos el por qué.

Salsa Lea Perrins, soja o similar (siempre que sea negra y no nos envenene) para simular la tinta de 'en su tinta'.


Preparación

 Se coge a una inofensiva salchicha y se le propina un tajo transversal desde la base hasta el lugar que estimemos que puede ser el arranque de la cabeza. Repetir la operación hasta lograr 8 patas sin pretender ni por un momento que sean iguales entre si. Es posible que durante el proceso el falso pulpo pierda algún tentáculo.

 En función de los recursos económicos de cada familia, se cogerá un grano o medio grano de pimienta y se incrustará mediante una leve presión en los agujeritos que previamente habremos practicado con un elemento afilado, como por ejemplo un sanguinario palillo plano marca Betik.

A continuación se abren tres nuevas vías de preparación:

1) A la plancha. Con lo que se garantiza una importante destrucción de nuestra obra de arte, bien sea por desmembramiento de patas o pérdida de ojos.

2) Al microondas. Siempre y cuando el placer de observar cómo explota nuestro cefalópodo sea superior al hambre que nos atenace.

3) La energéticamente sostenible, que consiste en ponerlas directamente en un plato, verter la falsa tinta y servir en la mesa antes de que se calienten.

Si hemos seguido las opciones 1 o 2 y el plato sigue reconocible, tirar la salsa negra, servir y comer antes de que nos arrepintamos

Buen apetito!



sábado, 13 de noviembre de 2010

Comida para perros (II): Triquini

He aquí una nueva aportación a la sección gastronómica de este blog: el triquini.

El triquini se encasilla a su vez en el epígrafe 'Comida para Perros' dada la evidente simplicidad en su preparación (no hay cocción, apenas se manchan cacharros). Pero en este caso el plato va más allá de las meras cuestiones culinarias; la receta es un excelente ejercicio de optimización de recursos y aprovechamiento de superficies.

Echemos un vistazo al ejemplo:


Las combinaciones y permutaciones no son ilimitadas, aunque sí bastante más extensas que el menú numerado de un restaurante chino.

La filosofía de este (llamémosle) plato reside en cubrir las dos rebanadas con sendas capas de alimento untable. Obviamente se pueden recubrir con el mismo ingrediente pero si no experimentáramos con la comida, nunca se hubiera inventado la nocilla de dos colores, el after-eight, el calimocho, el queso con sobrasada ni el melón con jamón.

El elemento divisorio no es más que una mera excusa para cargar más el conjunto, mejorando (o empeorando) la explosión de sabores en nuestro paladar.

Aplicando la máxima del perrococinador, consistente en manchar el menor número de utensilios, el cuchillo que utilizaremos para untar las dos bases de pan de molde será el mismo para ambos ingredientes. Bastará con que, por lo menos después de untar la primera capa, chupemos el filo, evitando así tener que ensuciar un segundo cuchillo.

Quedará a criterio del chef el volver a chupar los restos que hayan quedado impregnados antes de guardar el utensilio en el cajón, o proceder a un lavado convencional en lavaplatos o fregadero.

lunes, 26 de abril de 2010

Hell's Kitchen: Tiempos

En una receta, uno de los apartados que arroja más confusión al seguimiento de la misma es el tiempo de preparación.


Normalmente, cuanto más prestigioso sea el autor de un texto culinario, más evitará implicarse en arrojar un dato veraz, serio y mensurable acerca del tiempo. Existen dos grandes técnicas para la ocultación de este dato: el relativismo confuso y el conceptualismo abstracto.

La corriente del relativismo confuso suele tomar como referencia un suceso de difícil reconocimiento por parte del Hell's chef. Ejemplos de ello serían las expresiones: "rehogar la carne hasta que esté cocinada", o "dejar pochar hasta que la cebolla se ponga transparente". Un sujeto normal y corriente sabe que algo debe acontecer en torno a la carne o la cebolla, aunque no sabe el qué, como lograr que eso ocurra, ni cuando parar en caso de conseguirlo.

Por contra, el conceptualismo abstracto aturde y confunde por la simplicidad de sus enunciados: "sacar el pollo del horno cuando esté listo", o "dejar hervir un buen rato". Ambas instrucciones son perfectamente entendibles pero permite
incurrir al cocinero en un libre albedrío que probablemente acabe en catástrofe.

En definitiva, ambas técnicas eluden todo tipo de responsabilidades y dejan el marrón a cargo del lector encargado de perpetrar la receta. Esto nos enseña que un buen Hell's chef debe saber escurrir el bulto de un modo totalmente profesional. Para ello, uno deberá proveerse siempre de dos elementos:

- Un temporizador con forma de pingüino, tomate o algún otro elemento inofensivo y alegre. Este adminículo es básico para proyectar la ira y la frustración consecuencia del mal resultado del guiso. Un buen Hell's chef debe aprender a derivar la responsabilidad a terceros por lo que, si son inanimados, mejor que mejor.

- Recetas con intervalos temporales de 15 y 30 minutos. Sólo en casos excepcionales se llevarán a cabo cocciones de 45 minutos (como es el caso del huevo duro) y nunca, nunca jamás se admitirán tiempos de preparación de 60 minutos en adelante. Esto es, a su vez por tres razones de peso.

Razón de peso nº 1: un temporizador normal no admite más de 55 minutos en su escala, lo que nos obligaría a estar pendientes del pingüino, poner un temporizador del temporizador o acordarse de añadir más minutos una vez suene el timbre.

Razón de peso nº 2: con escalas superiores a una hora, es fácil perder la noción del tiempo, del peligro e incluso de lo que se estaba haciendo. Es, por lo tanto, altamente probable que nos olvidemos de que hay algo en el fuego y bajemos al bar a ver el fútbol, saquemos al perro a pasear o que nos vayamos al cine.

Razón de peso nº 3: por pura cuestión de principios, ninguna comida hellskitcheniana merece más tiempo en ser preparada que digerida. Equivaldría a pasarse más rato planchando una camisa que llevándola puesta.

[Sé que la última frase me a va a acarrear el siguiente comentario: ¿pero desde cuándo hace que no planchas tú una camisa?]

jueves, 28 de enero de 2010

Hell's Kitchen: Revuelto de ajos tiernos con champiñones



El concepto de revuelto (o revoltillo, que suena menos vomitivo) es el último reducto de aquellos que no saben freír un huevo porque siempre se les rompe la yema, así como de los que tampoco saben hacer una tortilla porque se les despanzurra cuando tratan de darle la vuelta.

El revuelto es un soporte que admite un sinfín de ingredientes sin que importe demasiado que el volumen total de los alimentos invitados supere al de la masa tortillera. Es más, en un revuelto, lo que triunfa es que la gente sepa de qué es sin necesidad de practicar la autopsia a la amalgama. ¿O no da gozo ver cómo sobresalen, preciosas ellas, las colas de gamba?


Mmmm... gambas...
Concentrémonos en lo que toca, que hoy no había gambas en el congelador.

Ingredientes:
- Un manojo de ajos tiernos.
- Varios champiñones crudos laminados (donde 'varios' es un número no entero que puede ir desde un cacho de champiñón hasta mogollón de hongos).
- 4 huevos de gallina campera o de producción ecológica. Si se puede. Si no, los de una gallina que apenas cabe en una jaula también hacen un buen avío.
-Aceite y sal.

Preparación:
En una sartén de diámetro generoso, se tira un chorrillo de aceite y, cuando esté caliente, se tiran los ingredientes en un calculado orden de mayor a menor resistencia al chamuscamiento. Por lo tanto, los primeros en ir a parar a la paella serán nuestros amigos del bosque, los:


(1) Champiñones



Tras desastrosas experiencias en el pasado, se recomienda encarecidamente no utilizar champiñones naturales enteros. Porque hay que pelarlos. Y es un coñazo. No basta con limpiarlos debajo del grifo, como un tomate, no. Hay que rascar toda esa capa de mantillo que han acumulado desde su infancia en el monte hasta su envasado en una champifactoría de Villanueva de la Jara. Para no perjudicar la delicada piel de la seta, deben emplearse los dedos, por lo que la mugre automáticamente se transfiere al espacio que hay bajo nuestras uñas, dispuesto a tal efecto. En resumen: si no queremos ver cómo nuestras manos parecen haber rascado el culo a un minero asturiano, empleemos champiñones laminados.

A continuación arrojaremos los:

(2) Ajos tiernos



Nunca he deseado tanto que se experimente la transgénesis como en este caso. Cuando llega el momento de cortar este pariente cool del ajo, es obvio que se le deben extirpar las raíces, ir haciendo cortes transversales y seguir hasta... ¿dónde? "Cuando llegues a lo verde, paras", dice una vocecilla desde el confort del sofá. Sí claro, pero es que el tallo en sí es una paleta con un degradado de color que va del blanco 9010 al verde hoja. Aquí es donde entraría la ingeniería genética: deberían modificar los ajos tiernos de manera que les saliera una línea de puntos que indicara "cortar por aquí".

Pero no, de momento hay que arriesgarse a pasarse de corto o pasarse de largo. Por lo tanto, un Hell's Chef debe perpetrar sus guisos en la más absoluta clandestinidad. El plato de hoy, es un perfecto encubridor de este tipo de imperfecciones.

Pues eso, cortar en rodajitas y a la sartén. Cuando los ajos empiecen a ponerse doraditos y los champiñones renegridos, tirar los:

(3) Huevos



¿Qué decir de los huevos mas que deben cascarse, tirarles una pizca de sal y batirlos en un plato? Pues que un estudio estadístico del centro de estudios Indianos apunta que en cada caja de docena siempre hay un huevo cascado y un huevo cagado. El huevo roto será el primero en ser utilizado, preferentemente acompañado de por lo menos un par mas para disipar su potencial insalubridad. Del huevo cagado, solamente poner especial atención en que no se desprenda un fragmento de la parte mancillada en el plato sobre el que se va a batir. Pero vamos, que tampoco pasaría nada.

Otra de las características del revuelto es que tanto puede calcinarse como quedar poco hecho. O ambas cosas a la vez, como ha sucedido en el caso de hoy. Ante esta última circunstancia, se aplica el método de la escoba y el levantamiento de alfombra: se oculta la parte churruscada en la parte interna de la amalgama. Total, un revuelto no tiene forma definida y permite la aplicación de estas triquiñuelas. Si un Hell's Chef es lo suficientemente hábil, podría haber caído una colilla en la paella durante la cocción y nadie notaría la diferencia.

¡Buen provecho!

miércoles, 27 de enero de 2010

Comida para Perros. Introducción + sublimación de queso sobre panceta a las ricas hierbas

En mi fuero interno me debato si incluir esta nueva sección dentro de la saga Hell's Kitchen, o dejar que tome vida propia.

El conocimiento y el saber de Hell's Kitchen va dirigido a todos los incautos que pretendan hacer cocina de verdad, aunque les salga como un churro. Por el contrario, Comida para Perros solamente es una guía básica de referencia para aquel que no sabe cocinar ni tiene ganas.

Contando con que un alto porcentaje de la población de nuestro país siente la misma aversión por la cocina que un Ni-Ni por hacerse la cama
, el público potencial es enorme.



Sin más dilación, lancemos la primera receta:

Sublimación de queso sobre panceta a las ricas hierbas

Ingredientes:
dos lonchas de panceta + dos tranchetes + pimienta + orégano

Tiempo de preparación:

60 segundos

Tiempo de cocción:

60 segundos

Tiempo de enfriamiento:

60 segundos

Preparados, listos, ya.

Colocar las dos lonchas sobre un plato; un plato en el cual quepan las dos lonchas completamente estiradas. La colocación, puede ser en paralelo, perpendicular o formando ángulo, se deja a la elección del autor, siempre y cuando no se superpongan las dos piezas.


Tirar pimienta molida por encima, preferentemente por encima de la panceta.


Partir los tranchetes en dos de manera que queden dos rectángulos casi iguales. Lo de que queden exactamente iguales, ni se plantea. Además, el corte irregular es parecido al de la propia panceta. Es más, cumpliendo una proporción áurea, las dos mitades de tranchetes suman la longitud del bacon. Esto confirma que los dos ingredientes están hechos el uno para el otro.


Espolvorear unas briznas de orégano, perejil, tomillo, hinojo, perifollo, hierbabuena o la chusta de un porro con tal de darle un toque final al conjunto.


Meter en el microondas a máxima potencia durante un minuto. Si no eres tú el que va a limpiar el interior del aparato (lo más seguro), puedes meterle caña medio minuto más. Sin miedo, aunque oigas explosiones y chisporroteos, todo está en orden.


Dejar enfriar y comer con las manos.


Bonus: sólo se mancha un plato. El microondas, como hemos insinuado antes, no cuenta.

jueves, 21 de enero de 2010

Hell's Kitchen: croquetas


Hoy desvelaremos el arte de tirar unas cuantas croquetas en una sartén con aceite.

Dado que una bolsa puede contener una docena de las susodichas croquetas, combinaremos dos técnicas milenarias para ofrecer un festival de sensaciones a nuestro paladar.

Es muy importante realizar la siguiente operación para garantizar el mejor de los resultados: sacar la bolsa del congelador, extraer la mitad de su contenido y guardar la bolsa de nuevo en el frigorífico. Dejar que las unidades de la primera tanda se descongelen unos minutos a temperatura ambiente, tras lo cual procederemos a preparar la:
 

Tempura de croquetas

Encender uno de los fogones y, sin dar tiempo a que se caliente ni nada, tirar las croquetas de inmediato en abundante aceite. Eso permitirá que las croquetas absorban una cantidad de líquido superior a la habitual, dándole a la masa ese toque mediterráneo tan saludable. Al minuto, las retiraremos de la sartén, conservando todas las vitaminas y propiedades del alimento.
 

A continuación, subiremos el fuego a tope y, cuando la humareda sea de un tamaño considerable, abriremos las ventanas, encenderemos el extractor a máximum power y arrojaremos las croquetas restantes directamente del congelador para elaborar el:
 

Sorbete crujiente de croquetas 

Es importante no dejarse dominar por el pánico, pues va a tener lugar una reacción violenta en la sartén, debido a que el aceite hirviendo y el hielo de las croquetas explosionará, chisporroteando en todas las direcciones. Puesto que los daños personales difícilmente pasarán de quemaduras de primer grado (a no ser que haya mala suerte y nos salpique en un ojo), trataremos de conservar la calma y mantendremos las croquetas bajo control hasta que la corteza exterior adquiera una tonalidad… tonalidad no, color negro.
 

Habremos conseguido unas amorfas cápsulas de carbón, cuya virtud reside en que bajo una quebradiza corteza con sabor a nada, emergerá una pasta dura y fría con sabor a algo que iremos chupando poco a poco.
 

Con cuidado de no resbalar por el suelo, pues éste habrá quedado irremediablemente cubierto de microscópicas partículas de aceite de girasol, alternaremos los dos tipos de croquetas en un plato grande sin lechuga y sin nada, y nos dirigiremos a la mesa para disfrutar de una bien merecida cena.
 

El experto en nutrición sugiere acompañar el plato con una Cocacola bien fría.
 

¡Buen provecho!

miércoles, 20 de enero de 2010

Hell's kitchen: Vichyssoise a la Kale Borroka



Ingredientes para la pasta base:

Puerros, patatas, cebolla, leche, nata líquida, mantequilla y caldo vegetal; todo ello en diferentes cantidades y estados de caducidad. Sal y pimienta.
 
Artefactos colaterales:
Olla de cacerolada, una batidora, un palo (en forma de cuchara) y acero toledano. 

Acciones preliminares:
Lance al suelo el molinillo de la pimienta. Esparcir los cristales por el suelo de la cocina, procurando mezclar bien los fragmentos con los granos de pimienta. Barrer. 

Preparación:
Esgrima un cuchillo y ataque las piezas de verdura hasta reducirlas a trozos. En un vano intento por la supervivencia, la cebolla y los puerros se defenderán soltando gases lacrimógenos, por lo que es conveniente cubrirse la cara con un pañuelo palestino. 

Acorrale el bloque de mantequilla hasta que se venga abajo. Esparza los restos por las paredes y tire la cebolla bien picada en la cacerola. Deje cocer un rato hasta que huela a quemado. Raspe el fondo del recipiente y arroje los puerros. Cuando vuelva a oler a humo, regrese a la cocina y agregue las patatas al incendio. 

En cuanto el humo se vuelva muy espeso, incorpore el caldo vegetal al magma burbujeante y huya del lugar de los hechos. Cuando todo esté más calmado, regrese, apague el fuego y vierta la leche dentro y fuera del recipiente, a partes iguales. Eche una pizca sal y aderece con la pimienta que haya logrado recuperar con la escoba. 

Enchufe la batidora a la red eléctrica doméstica y agite a la masa. Procure no verse salpicado por las consecuencias del alboroto y finalmente añada la nata líquida para suavizar los hechos. 

Dejar enfriar el asunto. 

Servir a la opinión pública adornando la realidad con unas hojitas de perejil. En cualquier caso nunca asuma la autoría. 

¡Rico, rico, y con fundamentalismo!

jueves, 14 de enero de 2010

Hell's Kitchen: cataplines de Yeti

Versión 2.0 de una receta ya experimentada aunque no documentada. El que ya haya sido realizada con anterioridad no implica necesariamente que se trate de una versión mejorada. Aunque la experiencia siempre es un grado, en Hell's Kitchen los imponderables siempre aparecen para amargarnos la faena.

Ingredientes (iniciales):
130 gramos de requesón
80 gramos de queso cremoso tipo Filadelfia
Hierbas aromáticas
Una pizca de sal
5 lonchas de jamón serrano
6 nueces
1 cucharadita de cebollino picado
Palillos

Ingredientes (finales):
2 medallones grandes de queso de cabra
1/3 de tarrina de queso para untar a las finas hierbas
5 lonchas de jamón serrano
12 almendras
Palitos de brocheta
Alicates

El cebollino ha caído fulminado en la fase preparatoria al tratarse de un elemento exótico totalmente prescindible.

Se pone el gratinador del horno a máxima potencia y se introduce un plato grande con las lonchas de jamón serrano.

Entretanto, introducir en un bol el queso de cabra y poner a calentar en el microondas a mínima potencia un minuto más o menos, hasta que se reblandezca. Previamente se puede haber optado por retirar la corteza del queso. Si no estamos para tirar las cosas, se deja. Si la corteza nos da manía, la quitaremos. En el caso práctico de hoy se ha tenido que retirar la corteza de uno de los dos medallones debido a su tacto vaporoso y aterciopelado... vamos que estaba mohoso.

Mezclar el contenido del bol con el queso a las finas hierbas (hábil combinación del queso Filadelfia y de las hierbas aromáticas de la receta original) y empezar a hacer bolitas pequeñas.

Por experiencia previa, no sirve utilizar el utensilio para hacer bolas de helado, así que tocará pringarnos las manos. En función de la talla de manopla que calce cada uno, el tamaño de las esferificaciones lácteas comprenderá un variado espectro que irá desde las pelotitas de ping-pong a las bolas de petanca. Lamerse los diez dedos igual que hacen los gatitos y guardar el resultado de nuestras manualidades en un recipiente plástico y esconder en el congelador (1 hora aprox.)

A estas alturas debería empezar a percibirse un cierto olor a chamuscado procedente del horno. Aguantar unos minutos más y retirar sólo cuando esté más apergaminado que el cadáver de Lenin.


Abrir el tupper de las nueces. Algún simpático ratoncillo de la casa ha acabado con las existencias y no lo ha apuntado en la pizarra de la nevera. Eso sí: ha dejado dos minúsculas muestras para que no se diga que no queda.

Buscar ingrediente suplente. Hay avellanas. Podría funcionar. Con la Nocilla lo hizo. Huelen un poco raro pero no creo que los frutos secos se pongan malos. Me echo un puñado a la boca. Las escupo a la basura. Están más rancias que la sangre de San Pantaleón.

Buscar ingrediente suplente de segundo grado. Localizado bote con almendras tostadas. Realizar una selección de las que ya vengan peladas y realizar una equivalencia de 1N=2A, donde la N es nuez y A, almendras.

Triturar las almendras y el jamón reseco en la picadora hasta obtener arenilla rebozadora. Sacar las pelotillas del congelador y hacerlas rodar por la mezcla de la picadora hasta recubrir la superficie de la globosfera. En una demostración de que la cocina no es una ciencia exacta, una de las ocho pelotas se ha quedado sin reboce de gorrino. Ésta se convierte automáticamente en bolita kosher.

Los palitos de brocheta en los que queremos presentar el fruto de nuestro trabajo resultan ser desproporcionadamente largos. Alicates en mano, aplicaremos un corte por la mitad (palmo arriba, palmo abajo) y ensartaremos las bolillas en ellas.

Reservar en la nevera hasta la hora de la jamancia.


martes, 12 de enero de 2010

Hell's Kitchen - Ingredientes


Esta sección no nace con ningún espíritu didáctico, filosófico ni de orientación personal. Simplemente tratará de plasmar la cutre realidad del que, aún no teniendo mano para la cocina, destila más voluntad que acierto en cuanto se pone delante de un fogón.

Para ello, se describirán elementos tales como el entorno hostil en el que se desarrollará la actividad culinaria, los utensilios a esgrimir o sencillas recetas que devienen en una trampa letal para el ser humano.

El fin último será, a grandes rasgos, echarse unas risas.

Procederemos pues a enumerar los cuatro grupos básicos en los que se encuadran los componentes de una receta vulgar y corriente:

El ingrediente exótico. Este componente no se caracteriza necesariamente por el grado de lejanía de su lugar de procedencia, pues la proliferación de badulaques y colmados latinos hacen que el cardamomo, el tamal, el curry vindaloo, los duraznos, el choclo, los porotos o el chile chipotle sean relativamente fáciles de adquirir. Lo que a uno le hace sudar la camiseta es tener que agenciarse glicerina, bicarbonato monosódico, trigo sarraceno, harina de malta, agua de rosas o clavo de olor. Que no sabes por dónde empezar a buscar: si en una farmacia de guardia, en una ferretería industrial o revolviendo en la despensa de la abuela.

El ingrediente sorpresa. Muchas recetas se caracterizan por contar con un ingrediente secreto que suele dar al plato un toque especial que lo eleva a una categoría superior. Pero en Hell’s Kitchen la atención no se centra en el ingrediente secreto, sino en el ingrediente sorpresa. El ingrediente sorpresa es, por definición, aquél que no figura en el listado inicial sino que aparece súbitamente en mitad del texto que detalla la elaboración. Es bien sabido que un Hell’s Chef siempre lee el apartado de preparación a medida que va cocinando. Por lo tanto, lo que destacará a un buen Hell’s Chef por encima de otros quema-cacerolas será la capacidad de adaptación y de improvisación. En este caso, aparecerá el indispensable:

Ingrediente suplente. Éste abarca un amplio espectro de productos (alimentarios o no) que pueden ir desde el queso Filadelfia al serrín. El ingrediente suplente aparece como medio de salvar el hueco dejado por un ingrediente sorpresa, un ingrediente exótico o para suplir cualesquier tipo de carencias debidas a la falta de disponibilidad en el economato o bien por representar su compra un nivel de inversión superior a la realidad de la economía doméstica.

Todo lo demás. Como su propio nombre indica, y sin tener que hacer grandes esfuerzos deductivos, este apartado engloba todo lo que no tenga cabida en los tres puntos anteriores. ¿Que se podrían haber hecho más clasificaciones? Seguro que sí. Pero 4 es un número que está bastante bien. Ni poco ni mucho. E históricamente ha triunfado bastante: los cuatro evangelios, los cuatro Fantásticos, los cuatro puntos cardinales, los cuatro jinetes del Apocalipsis, las cuatros estaciones de Vivaldi, los cuatro-ojos y las cuatro esquinitas que tiene una cama. Sí; digamos que cuatro está bien.