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domingo, 6 de mayo de 2012

Strawberry fears

Este mediodía ha aparecido esta pequeña fruta entre las candidatas a servir de postre en un bol con nata. Sus rasgos casi humanos me han llamado poderosamente la atención y no he podido evitar sacarla del montón.


Mientras sus compañeras eran embadurnadas con nata azucarada para luego ser masticadas y engullidas, la fresa con nariz de persona se ha tumbado boca arriba, ha visto un rato la tele la tele y luego ha sido sometida a una breve sesión fotográfica.

Y como suele pasar en este mundo loco, la moda es pasajera, el público es caprichoso y no ha tardado en ser devorada por quienes la descubrieron y la adoraron.

No era guapa pero tenía personalidad.

In memoriam.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Desafío extremo: anchoas radioactivas

Esta noche, lo que tenía que ser una anodina cena se ha convertido en un desafío extremo que ni siquiera Bear Grylls se hubiera atrevido a llevar adelante.

Soy una persona con una determinación ferrea (a veces sí, a veces no) y cuando digo que me apetece zamparme unas rodajas de pan tostado con anchoas pues voy y lo hago.

Que el envase pone "manténgase en frigorífico" y la lata lleve un par de meses en un armario de la cocina no es obstáculo suficiente.

Yo mismo me he dicho que mientras el producto no esté caducado, es poco probable que haya repercusiones médicas.

Ahora, que a su vez el envase avise de que debe consumirse preferentemente antes de Diciembre de 2011, es algo que le añade emoción al conjunto.

Porque, cuando dice antes de Diciembre, ¿significa antes de que empiece el mes o de que se acabe? Marcará este matiz la diferencia entre la vida y la taza del váter?

¿Por qué las anchoas necesitan un entorno refrigerado cuando están preservadas en aceite? ¿Es el aceite del Hacendado de oliva, girasol, motor o de culturista? ¿Por qué dice la caja que esto es una semiconserva? O conserva o no conserva! La indecisión del señor Mercadona me tiene en vilo.

Todas las respuestas a casi todas estas preguntas en mi próximo libro: "Mi primer lavado de estómago".

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Golden Death Star

Hoy es uno de esos días en los que una cosa te lleva a la otra.

He visto que la manzana que quedaba en el frutero se parecía en cierto modo a la Estrella de la Muerte de la Guerra de las Galaxias y me ha hecho gracia sacarle una foto; luego ya vería qué hacer con ella (con la foto).

 
Cuando me he puesto a escribir en el blog, me he quedado un poco seco de ideas, así que me he acordado de uno de los diálogos más geniales que jamás he escuchado en una película:

Magistral analogía.

Y esta noche para cenar: manzana
(con un alto índice de probabilidad de contener premio en el interior).

sábado, 9 de octubre de 2010

El bebé al que no le gustaba salir en las fotos

Hoy hemos podido comprobar que al nuevo fichaje no le gustan los primeros planos. En eso se parece totalmente a su tía la bióloga.

lunes, 3 de mayo de 2010

Los amantes del círculo cular


No se conocían. Sus miradas se cruzaron y, a pesar de la distancia que los separaba, en ese preciso instante supieron que estaban hechos el uno para el otro. La multitud que había entre los dos los separaba de un modo inevitable, pero en el fondo de sus corazones estaban convencidos de que pronto se fundirían en un suave y tierno abrazo.

Encontrarse frente a frente sólo era cuestión de paciencia. El tiempo transcurría lenta pero inexorablemente y, poco a poco, cada vez eran menos los que se interponían ellos dos. Mientras tanto, a medida que los demás se iban yendo, surgieron las dudas: “¿se marchará con otra?” pensaba ella. “¿Me esperará hasta el final? “ se preguntaba él.

Al fin, el momento ansiado llegó y sus rostros se iluminaron de felicidad. “Sabes que esto va a durar muy poco, ¿verdad?” dijo él con la voz temblorosa. “Lo único que sé es que habrá merecido la pena” le respondió emocionada.

Ella se recostó y se cubrió con una delgada sábana hecha en Huelva. “Hueles muy bien” le susurró el al oído. “Es J nº5”, le dijo ella con un hilo de voz. “Te amo, mi vida” fueron sus últimas palabras.

Y de ese modo, su destino les alcanzó.

viernes, 12 de febrero de 2010

Monárquicas y republicanas


Toda la infancia chupeteando las intimidades del futuro rey de Beukelaer y de pronto te dabas cuenta de que había aparecido en escena una usurpadora al trono.

Lo más preocupante era que se presentaba como la única con instrucciones de uso. ¿Realmente alguien necesitaba una hoja de instrucciones para comerse una galleta? ¿Provendría ésta de un país de estúpidos?

Sea como fuere, los niños que las devoraban con avidez no habían aprendido aún a leer o bien no se interesaban por la lectura de los envoltorios alimenticios.

Entonces, ¿por qué se esforzaban tanto en explicar algo que no hacía falta ser explicado? Es como si de repente un fabricante de papel higiénico incluyera los detalles de uso (incluyendo dibujos) de cómo manejar el producto.

¿Verdad que es algo totalmente innecesario? ¿A qué cada uno lo hace como sabe, a su manera y de un modo totalmente instintivo? Pues con las galletas, lo mismo.

Llegará un día en que a los niños de esa generación les preguntarán por qué se comían así las galletas y no sabrán responder si era porque sí o porque lo ponía en el envoltorio. Entonces se darán cuenta de que viven en un mundo totalmente controlado, sin libre albedrío, donde todo está escrito.

Y cuando eso suceda, tened por seguro que será demasiado tarde.

viernes, 29 de enero de 2010

De repente un extraño

 

Sucedió hace tiempo. Todo ocurrió muy rápido, de madrugada. Tres borrachos y un tenderete de embutidos sin vigilancia. Manos torpes se deslizaron furtivamente por debajo de la lona que cubría el puesto.

A la mañana siguiente, un chorizo colgaba acusadoramente de un gancho de la cocina.

Unos días más tarde, supe que había llegado el momento adecuado. Cogí un cuchillo y lo mutilé. Estaba en su punto, serviría para un buen guiso.

Pasaron las semanas pero el chorizo no menguaba. Más al contrario: como si de una estalactita se tratara, gotas oscuras supuraban de su punta cercenada. En el mármol, con el tiempo, se fue formando un pequeño e incriminatorio charco rojo.

Aún pasando la bayeta, la delatadora mancha correosa reaparecía una y otra vez. Había que dar fin a tal locura. Pero entonces, repentinamente, el goteo por fin cesó.

Largas semanas de cautiverio habían endurecido el cuerpo del delito. Traté de sacar unos taquitos para el aperitivo, pero no había filo que pudiera traspasar su piel.

Ni tan sólo los famosos cuchillos coreanos que se anuncian de madrugada en los programas de teletienda eran capaces de hacer un rasguño en el chorizo. Aquellos que alardeaban de cortar tornillos, tuvieron que reconocer, humillados, que se habían encontrado con la horma de su zapato.

Hoy él todavía está allí, colgado, impertérrito. Esperando no se sabe qué.

Quizás aguardando a que yo pierda la cordura.

Por si acaso, ahora siempre duermo con un cuchillo jamonero debajo de la almohada.

[Dedicado con todo mi afecto a mi señora, a quien le esperan muchas noches de insomnio]

lunes, 25 de enero de 2010

Pinzamientos profundos


Hoy dos pinzas de madera montan guardia bajo la tormenta, como dos lúgubres notas musicales en una triste partitura.

Cuando el temporal haya amainado será el momento en que los tambores de las lavadoras redoblen de alegría, abriendo las puertas a un enjambre multicolor dispuesto a posarse en las cuerdas de los tendederos. Los patios de luces, se convertirán en patios de butacas en los que todos y cada uno de los espectadores buscarán un lugar privilegiado para recibir los cálidos rayos del intérprete solista.

Y en este punto es donde yo, un humilde acomodador, hago mi aparición.

Con el propósito de disponer a los asistentes de un modo equilibrado, emparejo las pinzas tratando que sean del mismo color. El día que me siento inspirado, incluso intento que éstas sean similares al color de la prenda que van a acompañar. De ese modo, las pinzas de plástico se funden con las camisetas de colores alegres, mientras que las clásicas de madera se unen a los más formales calcetines negros.

Educadamente, dejamos pasar primero a los más mayores: viejos tejanos, camisas apolilladas, jerseys de toda la vida. A continuación se colocan las camisetas más desenfadadas y reivindicativas y finalmente, llenando los huecos libres, parejitas de calcetines, calzoncillos solteros y pañuelos desconsolados.

El aforo está completo. El espectáculo de un nuevo día está a punto de empezar y la audiencia embelesada cierra los ojos para recibir los primeros rayos del astro. Y, gracias a una mágica alquimia, sus espíritus y sus temperaturas se elevan hasta perder la conciencia, despertando extenuados en un cesto de mimbre o en el fondo de un cajón.

Y algunos de vosotros os preguntaréis qué sentido tiene todo esto para mí, y la verdad es que no sé qué responderos. A menudo creo que a veces se me va la pinza.

jueves, 14 de enero de 2010

Saturday, Bloody Saturday


Hay ocasiones en las que un papelito y el imán de nevera que lo sujeta parece que estén hechos el uno para el otro...