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jueves, 3 de enero de 2013

Delicias turcas

Después de viajar a lo largo y ancho de este mundo, la señalética de los lugares turísticos no deja de sorprenderme.

Este cartel lo fotografié en la iglesia católica de San Antonio de Padua en el barrio de Gálata, en Estambul (Turquía).


Suelo fijarme en este tipo de carteles por dos poderosos motivos. Uno: para saber si en el lugar en cuestión se pueden tomar fotos. A partir de ahí uno ya valora, si estuviera prohibido, si guardar la cámara, hacerse el tonto o disparar a escondidas.

En segundo lugar porque algunos son dignos de análisis, como es el caso que nos ocupa.

La prohibición más desconcertante es la de esta pareja.


Qué nos quiso decir el autor? Prohibida la entrada a las parejas heterosexuales? No se permiten los arrumacos? O bien: mantenga a su hija fuera del alcance del sacerdote? Misterios de la Iglesia.

Ya puestos, echemos un vistazo al resto de los avisos.

En la siguiente imagen está claro que no se tolera que uno coma patatas fritas en el recinto.


Estoy convencido que alguien piensa que se prohíbe hablar a voz en grito en la iglesia, pero me he documentado y este cartel se puso ANTES de que el turismo español llegara al barrio. Además, ya hay otro dibujo que recomienda guardar silencio en el lugar: el monigote de los ojos hipnóticos.


Si lográis desviar la mirada de esos hermosos ojos azules se aprecia una pequeña incongruencia en el dibujo, y es que la posición de la mano para mandar callar es un poco antinatural. Si no fuera porque a este careto le falta la nariz, jo diría que intenta sacarse un moco rebelde.

El siguiente símbolo es el típico caso en el que, lejos de aclarar, surgen preguntas en torno a la prohibición. Helado con forma de mierda, las patatas fritas que decíamos antes y un refresco con pajita. Bien, hablamos de cosas de comer pero no se especifica si lo que se no se permite es la venta, la tenencia o el consumo. Es una frase incompleta en la que tenemos el sujeto (tú), el complemento directo pero no el predicado.


Otro ejemplo de mensaje poco clarificador es el de este hombrecillo al que parece ser que no se le permite echar dinero en el cepillo. Ah no, que estamos en una iglesia católica! Entonces es que está prohibido jugar a los dados, creo.


Pero no todo van a ser restricciones en este sitio. También hay espacio para las advertencias de peligro. En este icono queda perfectamente ilustrado el peligro de darse con la cabeza contra la cámara de videovigilancia.


Desde luego, lo más interesante de la visita a la iglesia de San Antonio de Padua estaba en la puerta.

martes, 2 de noviembre de 2010

Las absurdas costumbres del país de las castañuelas

Este fin de semana, mientras veía cómo els Minyons de Terrassa cargaban y descargaban un 3 de 9 amb folre en la plaça del Vi de Girona, me vino a la memoria una anécdota que tuvo lugar en la mítica Samarcanda, en el lejano Uzbekistán.


Íbamos a bordo de un taxi camino a la estación de ferrocarril cuando el conductor, deseoso de practicar su tosco inglés con nosotros, nos preguntó de dónde éramos.

-Spain.

Y ya pensamos que nos hablaría de fútbol o nos dejaría tranquilos.

-¿Madrid? ¿Bilbao?

Hombre, es curioso que nombre Bilbao, porque lo normal es que oscilen entre Madrid y Barcelona para, acto seguido, ir a parar al tema balompédico.

"Barcelona". Y ahora es cuando nos dice que si Barça tal, que si Barça esto y lo otro.

Pero la conversación, sorprendentemente, fue por otros derroteros. Y aplico el traductor simultáneo.

-¿No es allí donde la gente se sube una encima de otra para formar una torre?

-Emmm... pues sí.

-¿Y eso por qué lo hacen? Es un poco extraño, ¿no?

-Bueno, es una tradición, simboliza que con la unión de la gente se pueden alcanzar los objetivos...

-¿Y es allí donde la gente se pone a correr delante de un montón de toros?

-Si, bueno no es en Barcelona, pero sí lo hacen en nuestro país.

-¡En Pamplona!

-Eso es, en Pamplona.

-Sí, eso es de estar un poco loco, ¿no?

-Sí, es un atradición que hay, sí.
-¿Y es en vuestro país donde la gente se arroja tomates los unos a los otros? ¡Eso es muy extraño!

-Si... eso es en un pueblo de Valencia, y es una tradición que tienen...

-Ahhh... pues si que hacéis cosas raras en vuestro país.

En ese punto yo me quedé muy jodido. Básicamente por tres cosas.

Lo primero, por la cantidad de tradiciones dispares y extrañas que tenemos en un territorio relativamente pequeño.

En segundo lugar por cómo un individuo que se gana la vida en un taxi de Samarcanda, sabe tantas cosas acerca de nuestro folclore.

Y finalmente, porque antes de viajar hasta tierras tan remotas, apenas sabía nada del país del hombre que me estaba llevando en su taxi hasta la estación de tren de su ciudad.

Por eso mismo saqué las siguientes conclusiones:

No juzgar a las personas por el hecho de pertenecer a un país aparentemente segundomundista.

Que no todos los taxistas son unos brutos (y quienes me conocen saben por qué lo digo).

Afortunadamente la tradición de arrojar cabras desde un campanario (Manganeses de la Polvorosa), colgarse de la cabeza de un ganso hasta decapitarlo (Lekeitio) o provocarse heridas en la espalda durante una procesión (Picaos de San Vicente de la Sonsierra) no han llegado por la parabólica a los hogares de Uzbekistán.

De otro modo podrían equiparar nuestras fiestas a la iniciación etíope de saltar en pelotas por encima de una fila de reses, y eso ya sería muy incómodo.

De todo, me quedo con la fiesta dels castellers, y con la siguiente curiosidad:

La imagen que abre el post es mía, y la que sale en la página web de la Colla Castellera dels Minyons de Terrassa es casi exactamente la misma...


Sólo que en mi foto sale el fotógrafo de la otra. ¿Lo habéis encontrado?

jueves, 2 de septiembre de 2010

Beerlin

Pues en Berlín lo que vimos fue este curioso medio de transporte:


Un bici-bar de cerveza.
Una idea divertida para agarrar un buen pedal.
Donde se bebe a la par que se queman mogollón de calorias.
El único modo de conseguir piernacas de ciclista y barriga cervecera.
Una manera de ver la ciudad sin levantar el culo de la barra.

Suponemos que el que lleva el manillar no bebe.

Desde ya solicitamos la supresión del Bicing y la implantación del Beercing.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Prohibido hacerse pupita

Otra muestra de la eficacia alemana para evitar muertes innecesarias y desagradables salpicaduras de sangre en la vía pública.

Así que nada de pistolas, navajas, bates de béisbol o sprays de pimienta. ¡Ah! y los fines de semana ni se os ocurra blandir una botella rota de 22 a 6 horas.

Es de agradecer que estas estupendas medidas permitan que los afables ancianos del barrio puedan salir a comprar el periódico armados con una buena motosierra.

Por cierto, el cartel estaba en diversos lugares de la Reeperbahn de Hamburgo, un barrio 'pintoresco' donde los haya y en el cual tuvimos el privilegio de poder dormir.

martes, 31 de agosto de 2010

Grössen Tortazen

Desde luego, el alemán acompañado de monigotes es de lo más entendedor.

 
O aterrador. No sé.

lunes, 30 de agosto de 2010

Tres cosas que hacer en Alemania

Eins: hincarle el diente a una salchicha de Frankfurt:


Zwei: comerse una hamburguesa de Hamburgo:


Drei: beber agua de Colonia:

domingo, 29 de agosto de 2010

Terminal

Recorrer Alemania en tren y visitar 19 localidades en 21 días puede parecer un poco excesivo...


Y la verdad es que hemos acabado muertecitos, muertecitos.

miércoles, 16 de junio de 2010

Home Sweet Home

Este verano nos hemos estado planteado hacer algo diferente para vacaciones.


Por un lado no nos queríamos gastar mucho dinero; uno de los dos ya está viviendo a costa de la hucha del Estado y el otro pronto empezará a revolver en los contenedores con un alambre acoplado al extremo de un palo de escoba.

Tampoco nos agradaba la idea de depender del avión.

En primer lugar, por los disgustos que últimamente ha estado patrocinando el llamado "volcán islandés" o "volcán islandés de nombre impronunciable". Veamos, profesionales del periodismo, el volcán se llama Eyjafjallajökull, no es el único volcán de la isla y su nombre contiene más vocales que el del defensa del Barça, Dmytro Chygrynskiy. No hagamos un drama de ello, por favor.

El segundo motivo de no querer subir a un avión es que, en contra de nuestra tendencia natural, nos vemos condicionados a escoger el mes de agosto. Un mes en el que los poco valorados controladores aéreos tienen a bien reclamar que les hagan masajes con final feliz al final de cada aterrizaje; una época en la que pilotos y mozos de equipajes se dan cuenta de que no viven una vida plena y acorde con sus expectativas espirituales; un momento en el que los taxistas deciden que no son suficientemente despreciados por la sociedad. En definitiva, el mes ideal para montar una huelga de tomo y lomo y jorobar al personal.

Así que nada de avión. Y nada de quedarse en Barcelona. Y hubiéramos hecho turismo nacional, pero después de ver el anunció del gazpacho Alvalle me invadió el pánico.


¿Como que Y? Pues que no me quiero encontrar a ese 70% de españoles en el Bierzo, ni en el Valle del Jerte, ni en la sierra de Guara. No tengo nada contra Manu Tenorio (por el momento), ni con la vieja de Solas, pero veranear codo a codo con mis compatriotas en un entorno en el que nadie les puede llamar la atención es algo para lo que no estoy preparado. Así que, con toda probabilidad y si nada se interpone en nuestro camino, el destino elegido será la tierra de las salchichas, las patatas y las coles escabechadas: Alemania.

martes, 2 de marzo de 2010

Decálogo del mochilero ladilla


Una de las noticias que esta semana ha destacado el comité de sabios en Yahoo! Noticias ha sido la siguiente: "Los 'secretos' más vergonzosos de los mochileros" (ver noticia original), en la que se lanzan diez torpedos desinformativos que poco o nada tienen que ver con un trabajo periodístico, a no ser que se quieran aplicar a ese entrañable y nomádico colectivo de los llamados piesnegros o perroflautas.

1. Visten ropa interior sucia:
Sea por olvido o por ceñirse al presupuesto, llega un punto en el que pasan de la lavandería. A veces pierden la ropa limpia, otras veces se la olvidan de resaca en un albergue. Estas cosas nunca las cuentan luego. Lo único peor que vestir ropa interior sucia es contar que la has llevado.

2. Roban papel higiénico:
Cuando andas arruinado coger el papel higiénico y meterlo en la mochila es una tentación demasiado fuerte. Sólo ahorran unos treinta céntimos por rollo, pero incluso eso ayuda en el balance económico final.

3. Comen las sobras de los demás:
Si te fijas puedes verles en un restaurante barato tomando un café y oteando mesas ajenas a ver si alguien se deja medio trozo de pizza. Luego fingen llevar la bandeja a la basura y pillan lo que pueden por el camino.

4. Orinan en el agua:
Sea un lago o una piscina municipal, los mochileros saben que es una manera práctica de evitar largas colas en los sucios lavabos de los sitios públicos.

5. Tienen relaciones sexuales en áreas comunes de los hostales:
Mejor hacerlo en el sofá del salón a las tres de la mañana que junto a tu mejor amiga que puede despertarse en cualquier momento y hacer que te mueras de vergüenza. El aumento de cámaras de seguridad puede acabar con esta práctica. O no.

6. Mienten sobre su vida:
Dicen ser estudiantes para conseguir descuentos, dicen estar solteros para ligar o dicen estar casados para quitarse a algún pesado de encima. Poca gente les conoce en su destino, así que pueden inventarse lo que les dé la gana. ¿Moraleja? Nunca confíes del todo en alguien con mochila.

7. Abusan de los estereotipos:
Tómate unas cañas con un grupo internacional y verás como pronto salen frases como "típico de un alemán", "que nos baile el español" o "italiano tenía que ser". Haber hecho un par de "eurorraíles" te da la sensación de ser un experto en psicología europea, pero lo más seguro es que estés soltando un cargamento de topicazos.

8. Atascan los baños:
En muchos países está prohibido tirar el papel higiénico por el retrete. El motivo es que las cañerías no están preparadas para canalizarlo. Los mochileros se olvidan de esto con frecuencia creando situaciones bastante complicadas.

9. Se beben la cena:
Muchas veces no hay más opción que elegir entre la cena y las copas. A los veinte años la mayoría se quedan con lo segundo (también a los treinta, cuarenta y cincuenta). Siempre hay alguno que dice “así el alcohol sube más”.

10. Viven de comida basura:
Se supone que uno de los motivos de viajar es sumergirse en la cultura local y aprender nuevas formas de enfocar la vida. Entonces, nos preguntamos muchos, ¿por qué los McDonalds están llenos de mochileros y apenas se ve ninguno en los bares de barrio de las ciudades turísticas?

Ante tamaño dislate, me hubiera gustado trasladar un decálogo alternativo a aquél que ha tenido a bien traducir y copiar el texto de otra web, pero dado que la "noticia" de Yahoo! no daba lugar a la participación blogosférica, lo he colocado en la web de Lonely Planet (ver post), a la par que en el presente blog.

He aquí los diez mandamientos del mochilero ladilla:

1. Visten ropa interior bicolor: El ritmo trepidante del trotamundos no deja lugar para la toma de decisiones: lo amarillo va delante y lo marrón atrás. 

2. Roban papel higiénico: Las letrinas plagadas de moscas son una auténtica fuente de ingresos para el mochilero emprendedor. Desde el propio inodoro que se vende al peso en el mercado negro, hasta las bombillas que se pueden intercambiar por bocadillos de foie-gras, pasando por la recolección de heces para obtener bio-gas.

3. Comen las sobras de los demás:  Sólo en caso de necesidad. Todo el mundo sabe que lo habitual en estos casos es alimentarse de alimañas atropelladas en las carreteras.

4. Orinan en el agua:  Puntualizar que en la piscina municipal es de menester mingitar desde el trampolín más alto.

5. Tienen relaciones sexuales en áreas comunes de los hostales:
Hay que reconocer que es el lugar más idóneo para acceder a los servicios de pago del colectivo periodístico.

6. Mienten sobre su vida: Eso en el mejor de los casos. Normalmente echan ketamina en las bebidas ajenas para agenciarse órganos para transplantes.

7. Abusan de los estereotipos: Eso es mentira, lo que pasa es que los hombres nunca preguntan las direcciones y las mujeres no entienden los mapas. 

8. Atascan los baños: Es verdad. Yo personalmente, después de atascar todos los retretes por los que iba pasando, decidí que era mejor defecar en los cubos de basura que hay junto a la taza.
 
9. Se beben la cena: Es más, con tal de ahorrar, el mochilero no comprará periódicos y sólo se informará a través de Yahoo! Noticias. 

10. Viven de comida basura: El intrépido mochilero sabe que el hurgue de contenedores con una percha clavada en el extremo de un palo de escoba es esencial para la supervivencia diaria. Adicionalmente, posee un excepcional sentido de la orientación que le conduce a los vertederos municipales y a los puntos donde se arrojan los desechos hospitalarios.