domingo, 21 de noviembre de 2010

Erecciones Catalanas (I): El placer de votar

Siempre he creído que las campañas electorales tienden a subestimar al género humano. Pensar que en dos semanas se puede convencer al personal de algo, sin tener en cuenta lo que ha sucedido el resto del año (o durante una legislatura), es del género tonto.

Así que, partiendo de la premisa que el periodo de campaña electoral sirve para reforzar la imagen de marca (perdón, de partido), es interesante ver lo que algunos se sacan de la sesera y otros se prestan a financiar:

 

Menos mal que en esta ocasión he elegido votar por correo; en el tema orgásmico soy muy convencional y me gusta experimentarlo en casa. Ello me ha servido para tener pleno acceso a todas las papeletas de los partidos que se presentan, lo cual merecerá un detenido análisis en un próximo post.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Las zapatillas que dicen ñi

En esta fecha tan señalada, quisiera rendir homenaje a las zapatillas deportivas que en el día de hoy han pasado a mejor vida. Y qué mejor forma que rescatando el increíble pero veraz relato de lo que aconteció al poco tiempo de haberlas adquirido:


“¿Qué diantre le pasará a éste ahora?”, se preguntaba la dependienta de la ferretería industrial mientras me encaminaba hacia ella. Y no era para menos, puesto que en menos de un mes era la cuarta vez que acudía a su establecimiento con un propósito cada vez más peregrino (véase “El Club de la Ducha”).


En esta ocasión le traía una bombilla porque hacía ruido, a ver si me la cambiaba por otra. Le expliqué que la compré porque la quería de bajo consumo. Aunque me preguntaba si además podía ser de bajo volumen. O sin él, directamente.

-¿La compraste aquí?

-Sí

-¿Tienes el ticket?

-No.

-¿Cuándo hace que la compraste?

-Hace un mes y dos días. Era un sábado por la tarde. Recuerdo que hacía una temperatura agradable.

-¿Guardas la caja?

-No.
Desconozco con qué nota pasé el test preliminar, pero después de sostenerme la mirada un largo rato dijo:

-Vamos a probarla a ver qué tal.

La colocó en un portalámparas destinado a tal efecto y acercó la oreja para escuchar mejor. Mientras iba haciendo un leve gesto de negación con la cabeza, recordé una situación similar, por lo absurdo, que me pasó pocos meses antes.

Me había comprado unas zapatillas. Un sábado, también, aunque no recuerdo el tiempo que hacía. El lunes siguiente, al estrenarlas en la oficina, anduve dando el cante puesto que allá por donde pasara, mis zapas nuevas proferían los típicos chirridos y chasquidos de goma recién estrenada.

Al cabo de un par de semanas empecé a preocuparme de verdad, ya que no sólo mis compañeros advertían mi próxima aparición al doblar un pasillo o al entrar en un despacho sino que las bambas hacían el mismo ruido independientemente de la superficie que pisara.

Lo típico es que suene más en un pavimento cerámico o de mármol. Pero es que yo sonaba cuando andaba sobre parquet o cuando pisaba una alfombra… ¡se me oía hasta cuando iba por la arena!

Además el sonido pasó da ser el típico ñic-ñic del calzado nuevo por una especie de pfff-pfff, que parecía que se me iban cayendo los pedos mientras andaba. Creedme que estuve un par de semanas dándole vueltas a aquello, intentando enfocar la conversación que tendría que mantener con la dependienta de la zapatería. Dicho y hecho, al cabo de un mes, que era exactamente el plazo límite que tenía para devolver la compra, me planté en la zapatería.

-Hola mira, es que hago ruido cuando ando. En realidad es la zapatilla izquierda la que está defectuosa.

-¿Defectuosa cómo?

-Pues eso, que hace ruido al andar. Si quieres te lo demuestro aquí mismo.

-Espera un momento que aviso a la encargada.

“Menudo colgado. Este marrón que se lo coma la jefa que para eso cobra”. Debía pensar la chavala.

-Un momentito que ahora viene, ¿vale?

-Si, sí, no me muevo.

Viene la encargada con cara de malas pulgas, con lo bien que estaba fumándose un piti en la puerta.

-A ver ¿qué problema tienen las zapatillas?

-Pues como le decía a tu compañera, cuando ando hace un ruido así como pff-pfff, pero yo te lo demuestro ahora mismo.

Me pongo a dar vueltas en círculo delante del mostrador pero me doy cuenta de que el volumen de la música de la tienda hace imposible escuchar la serenata de mi zapatilla.

-Yo no oigo nada.

-Vamos a ver, si pudieras bajar la música un poco…

Muy desganadamente baja un poquiiiito el volumen del hilo musical. Entre chun y chun de la canción le digo:

-Si no la… más… no lo… oír.

-¿Perdona?

-Que… bajas… música… vas a… nada.

-Pues no oigo nada, no.

Harto de dar vueltas por la tienda como el conejo de Duracell, le digo:

-Mira, así es imposible. Espera, que me saco la zapatilla y verás cómo apretando aquí en la suela hace el ruido que te digo.

La pongo sobre el mostrador y la empiezo a apretar y a estrujar como si fuera un plástico de burbujas hasta que por fin le arranco el dichoso ruidito. ¡Pff-pff!

-¿Lo has oído ahora?

-Sí, pero no sé si…

-Mira, el ticket dice que los cambios y las devoluciones se tienen que hacer en un plazo de un mes. Hoy es el último día y lo que está claro es que la zapatilla es defectuosa. Con que me des otro par igual me conformo.

-Bueno, bueno, ahora te busco otro par…

Y así hasta hoy. Y no sé si será que el tiempo está loco o qué, pero las bambas vuelven a quejarse otra vez. Lo que pasa es que yo no tengo narices de ir a ver si me las cambian de nuevo. Y no es que ya no conserve el ticket, que lo tengo bien guardadito, es que tienen más zurraspa que las bolas de un escarabajo.

Y ésta es la historia que le he contado a la dependienta de la ferretería mientras pegaba la oreja a la bombilla. Por cierto, acabo de colocar la nueva en la lámpara del comedor y os aseguro que ahora no se escucha nada de nada. Qué gusto…

¡Plic! ¡Plic! ¿es eso el grifo de la bañera?

sábado, 13 de noviembre de 2010

Comida para perros (II): Triquini

He aquí una nueva aportación a la sección gastronómica de este blog: el triquini.

El triquini se encasilla a su vez en el epígrafe 'Comida para Perros' dada la evidente simplicidad en su preparación (no hay cocción, apenas se manchan cacharros). Pero en este caso el plato va más allá de las meras cuestiones culinarias; la receta es un excelente ejercicio de optimización de recursos y aprovechamiento de superficies.

Echemos un vistazo al ejemplo:


Las combinaciones y permutaciones no son ilimitadas, aunque sí bastante más extensas que el menú numerado de un restaurante chino.

La filosofía de este (llamémosle) plato reside en cubrir las dos rebanadas con sendas capas de alimento untable. Obviamente se pueden recubrir con el mismo ingrediente pero si no experimentáramos con la comida, nunca se hubiera inventado la nocilla de dos colores, el after-eight, el calimocho, el queso con sobrasada ni el melón con jamón.

El elemento divisorio no es más que una mera excusa para cargar más el conjunto, mejorando (o empeorando) la explosión de sabores en nuestro paladar.

Aplicando la máxima del perrococinador, consistente en manchar el menor número de utensilios, el cuchillo que utilizaremos para untar las dos bases de pan de molde será el mismo para ambos ingredientes. Bastará con que, por lo menos después de untar la primera capa, chupemos el filo, evitando así tener que ensuciar un segundo cuchillo.

Quedará a criterio del chef el volver a chupar los restos que hayan quedado impregnados antes de guardar el utensilio en el cajón, o proceder a un lavado convencional en lavaplatos o fregadero.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Los más buscados por la Policía, posiblemente molestos por aparecer en YouTube

Esta semana la Policía Nacional ha utilizado el canal que tiene en YouTube para difundir las imágenes de los delincuentes más buscados:

Lo primero que me ha venido a la cabeza es que tiene guasa que el que abre la lista se llame Bueno de apellido.

En cuanto a los dos atracadores del banco de Cambrils, existe un parecido más que razonable entre el primero de ellos y el humorista Javier Coronas, lo cual puede acarrear más de un disgusto a éste último.

El resto de la tropa son forasteros, lo cual induce a pensar que la mano de obra criminal extranjera está arrebatando puestos de trabajo a los honrados delincuentes autóctonos. Sin duda alguna, el chorizo ibérico empieza a estar en peligro de extinción.

Volviendo a la noticial principal, lo más curioso de todo esto es que los términos de privacidad de YouTube establecen que: "Si un vídeo contiene información personal sin tu consentimiento, incluidos tu imagen, tu nombre o tu número de DNI, puedes ponerte en contacto con nosotros a través del proceso de eliminaciones por privacidad".

En dicho proceso se aconseja acudir a las autoridades locales.

Por lo tanto, en una brillante jugada maestra, las fuerzas de Seguridad han tendido una trampa infalible a los malhechores que aparecen en la web:

-Muy buenas, soy Ioan Clamparu, y creo que mis derechos fundamentales se están vulnerando de un modo muy descarado en un conocido sitio de videos.

-Un momentito por favor que ahora le atenderá uno de nuestros agentes.

Y ¡zasca!, traficante de personas al calabozo.

Sin duda la mejor idea desde que los americanos empezaron a preguntar a los que entraban al país si iban a atentar contra el presidente o a cometer algún delito.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Roban en el Vaticano aprovechando la escapada del Papa a Barcelona

Minutos después de aterrizar en Roma, la comitiva papal ha recibido un aviso de los servicios de seguridad vaticanos: unos desconocidos han aprovechado la ausencia del pontífice para allanar las dependencias privadas de Joseph Ratzinger.


Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede, ha declarado a través de Radio Vaticano que "es sumamente indignante que le hagan esto a una persona mayor; por decirlo pronto y mal, esto es la hostia consagrada".

El Secretario de Estado Vaticano, Tarsicio Bertone, ha indicado que "será un poco complicado saber qué se han llevado exactamente los ladrones, pues Benedicto XVI es una persona de edad avanzada, muy dada a acumular trastos y cachivaches; los laicos izquierdistas no dudarían en calificarlo de Síndrome de Diógenes, pero la cosa no es así".

En cuanto a la búsqueda de responsabilidades, el Comandante de la Guardia Suiza, ha intentado salir del paso diciendo que: "Susan (el nombre en clave de Su Santidad) debe comprender que anunciar a los cuatro vientos que uno va a ausentarse por unos días de su domicilio no ayuda para nada a la hora de mantener a raya a los amigos de lo ajeno, por mucho alabardero que uno ponga en cada puerta. Ya le aconsejamos que nada de escribir en el Twitter, nada de Facebook y nada de blogging explicando dónde vive, a dónde va y quienes son sus amigos. Desgraciadamente, al final la información se filtra y se lía la de Dios es Cristo. Y perdonen la expresión".

Por el momento, una persona que está participando en la investigación, indica que "por ahora faltan unas sandalias, una especie de gorro largo con pedrería y un montón de papelotes en latín escritos a lo antiguo, sin máquina de escribir ni nada". La misma fuente aclara que "se nota que esto ha sido obra de unos aficionados, pues han entrado a lo loco y se han llevado artículos sin ningún tipo de criterio; son el tipo de cosas que difícilmente puede interesarle a nadie en el mercado clandestino".

Especialistas en asuntos vaticanos creen que el próximo domingo el Papa leerá una homilía exhortando a la restitución de los artículos sustraídos y una recolecta en caso de que dicho llamamiento no surta efecto.

martes, 2 de noviembre de 2010

Las absurdas costumbres del país de las castañuelas

Este fin de semana, mientras veía cómo els Minyons de Terrassa cargaban y descargaban un 3 de 9 amb folre en la plaça del Vi de Girona, me vino a la memoria una anécdota que tuvo lugar en la mítica Samarcanda, en el lejano Uzbekistán.


Íbamos a bordo de un taxi camino a la estación de ferrocarril cuando el conductor, deseoso de practicar su tosco inglés con nosotros, nos preguntó de dónde éramos.

-Spain.

Y ya pensamos que nos hablaría de fútbol o nos dejaría tranquilos.

-¿Madrid? ¿Bilbao?

Hombre, es curioso que nombre Bilbao, porque lo normal es que oscilen entre Madrid y Barcelona para, acto seguido, ir a parar al tema balompédico.

"Barcelona". Y ahora es cuando nos dice que si Barça tal, que si Barça esto y lo otro.

Pero la conversación, sorprendentemente, fue por otros derroteros. Y aplico el traductor simultáneo.

-¿No es allí donde la gente se sube una encima de otra para formar una torre?

-Emmm... pues sí.

-¿Y eso por qué lo hacen? Es un poco extraño, ¿no?

-Bueno, es una tradición, simboliza que con la unión de la gente se pueden alcanzar los objetivos...

-¿Y es allí donde la gente se pone a correr delante de un montón de toros?

-Si, bueno no es en Barcelona, pero sí lo hacen en nuestro país.

-¡En Pamplona!

-Eso es, en Pamplona.

-Sí, eso es de estar un poco loco, ¿no?

-Sí, es un atradición que hay, sí.
-¿Y es en vuestro país donde la gente se arroja tomates los unos a los otros? ¡Eso es muy extraño!

-Si... eso es en un pueblo de Valencia, y es una tradición que tienen...

-Ahhh... pues si que hacéis cosas raras en vuestro país.

En ese punto yo me quedé muy jodido. Básicamente por tres cosas.

Lo primero, por la cantidad de tradiciones dispares y extrañas que tenemos en un territorio relativamente pequeño.

En segundo lugar por cómo un individuo que se gana la vida en un taxi de Samarcanda, sabe tantas cosas acerca de nuestro folclore.

Y finalmente, porque antes de viajar hasta tierras tan remotas, apenas sabía nada del país del hombre que me estaba llevando en su taxi hasta la estación de tren de su ciudad.

Por eso mismo saqué las siguientes conclusiones:

No juzgar a las personas por el hecho de pertenecer a un país aparentemente segundomundista.

Que no todos los taxistas son unos brutos (y quienes me conocen saben por qué lo digo).

Afortunadamente la tradición de arrojar cabras desde un campanario (Manganeses de la Polvorosa), colgarse de la cabeza de un ganso hasta decapitarlo (Lekeitio) o provocarse heridas en la espalda durante una procesión (Picaos de San Vicente de la Sonsierra) no han llegado por la parabólica a los hogares de Uzbekistán.

De otro modo podrían equiparar nuestras fiestas a la iniciación etíope de saltar en pelotas por encima de una fila de reses, y eso ya sería muy incómodo.

De todo, me quedo con la fiesta dels castellers, y con la siguiente curiosidad:

La imagen que abre el post es mía, y la que sale en la página web de la Colla Castellera dels Minyons de Terrassa es casi exactamente la misma...


Sólo que en mi foto sale el fotógrafo de la otra. ¿Lo habéis encontrado?

lunes, 1 de noviembre de 2010

La Pequeña Barbería de los Horrores

Hoy es el dia apropiado para rescatar este relato que hace un par de años inquietó a la chavalada de Sant Andreu... va dedicado a nineta84:

Hubo una temporada en la que cada viernes al salir de trabajar iba a comer a casa de mis padres y pasaba andando por la estrecha calle que une la plaça Orfila con la del Comerç. Justo allí, siempre estaba el mismo hombrecillo, que esperaba a que alguien pasara para ayudarle con su pequeño problema. 

“Va muy dura, ¿sabe? y yo sólo no puedo con ella” me decía mientras me señalaba la vieja persiana de su peluquería de caballeros. “No hay problema, hombre”, le decía yo, y entre los dos conseguíamos deslizarla hacia arriba, con gran ruido de chirridos metálicos y bufidos de esfuerzo. 

Al siguiente viernes, a la misma hora, volví a toparme con el peluquero. El hombre no parecía recordarme de la semana anterior y volvió a solicitar mi ayuda para aupar aquel monstruo gruñón. “Va muy dura, ¿sabe? y yo sólo no puedo con ella”, decía mostrándome una hilera de dientes que no supe si era una sonrisa de agradecimiento o consecuencia del esfuerzo realizado. 

Cada semana se repetía el ritual aperturista y a mí se me empezaba a agotar la paciencia. Me preguntaba por qué me tocaba a mí todos los viernes a mediodía. ¿Quién le abría por las mañanas? ¿Y el resto de los días? 

Un viernes, mientras nuestros rostros congestionados luchaban por levantar el pesado telón de acero, le sugerí que le vendría muy bien engrasar la dichosa persiana. Por un momento advertí un brillo de decepción en sus ojos, pero finalmente consiguió esbozar una sonrisa y dijo: “eso mismo es lo que haré, gracias por el consejo”. 

Yo empecé por cambiar mi ruta de los viernes. Me quedaba echando unas cervezas en el bar al salir del trabajo e incluso dejé de ir a ver a mis padres durante algunas semanas. Todo con tal de no tener que pasar por delante de la dichosa barbería. 

Ya había olvidado al hombre de la barbería cuando un día, sin darme cuenta volví a pasar por delante de ella. La persiana estaba bajada. Miré la hora y vi que ya deberían haber abierto. La verdad es tuve la repentina sensación de que algo no andaba bien y me fui a tomar algo en el Versalles. 

Mientras me sentaba junto a la barra y pedía una clara, le pregunté al camarero si la peluquería había cesado su actividad. El chico dio un respingo y, acercándose a mi mientras echaba miradas nerviosas a lado y lado, me dijo bajando la voz: “¿No lo había oído? Fue algo terrible, en el barrio todos estamos un poco trastornados por lo que ocurrió, pobre hombre”. Mi presentimiento empezaba a tornarse en algo desagradablemente real. “¿Le pasó algo al viejo barbero?”. 

El camarero se apoyó en la barra frente a mí y, bajando todavía un poco más la voz, me fue diciendo: “Ojalá no hubiera sufrido tanto. Yo, de haber sido él, me hubiera cortado el cuello con una de sus navajas de afeitar antes de sufrir tan largo tiempo. Claro que de haber sabido antes lo que le aguardaba, él también habría puesto fin a su sufrimiento. Lo que pasa es que durante mucho tiempo mantuvo la esperanza de ser salvado y cuando fue consciente de que eso no iba a suceder, ya no tuvo fuerzas para hacer lo que tenía que hacer. Parece mentira que éstas cosas pasen en un barrio como éste, estando rodeados de tanta gente”. Miró a través de los cristales, hacia aquella puerta metálica, ahora recubierta de graffitti.


“Un viernes por tarde, después de terminar con el último cliente, se quedó encerrado dentro de la barbería. Allí no hay teléfono y por supuesto no tenía teléfono móvil así que los vecinos suponen que estuvo aporreando la puerta varias horas, pero o nadie lo oyó o no le prestaron atención. El caso es que transcurrió el fin de semana sin que nadie lo echara en falta, pues no tenía familia ni amigos.

A la semana siguiente la gente debió pensar que estaría enfermo en casa o que simplemente se había tomado unos días de descanso. Al final un vecino preocupado insistió a la policía en que algo debía de pasar y, al no encontrarlo en casa fueron hacia la barbería. Entre cuatro bomberos consiguieron levantar la persiana, pues estaba muy deformada por un fuerte golpe y fue entonces cuando lo encontraron”. En este momento el camarero se encendió un cigarrillo. Observé que le temblaban ligeramente las manos. 

“Suponen que al principio sufrió un ataque de ansiedad, ya que nadie advertía sus golpes y sus gritos de auxilio. Dado que pasaban los días y no disponía más que de agua del grifo para subsistir, empezó a comerse el pelo que había recogido del suelo. Lo mezclaba con un poco de jabón para que lo pudiera tragar un poco mejor, sin asfixiarse. Cuando se acabó el de los clientes, empezó a cortarse su propio pelo. Y cuando también se le terminó, empezó a cortarse tiras de su propia piel para subsistir. Lo más notable es que era tan hábil con la navaja que evitaba producirse grandes hemorragias. Con la colonia se curaba las heridas y se emborrachaba para mitigar el dolor. Finalmente su organismo no pudo aguantar más y se colapsó. En el momento de encontrarlo se había comido la mitad de su propia carne, no era más que una carcasa sanguinolenta”. 

Mi cerveza estaba a medias y aunque no se me hubiera calentado, ya no me quedaban ganas de seguir bebiendo. “Es algo espeluznante, y realmente una mala suerte quedarse encerrado, lo que no entiendo es cómo”, le dije al camarero. 

“El cómo lo descubrieron enseguida. Los carriles de la persiana estaban demasiado bien engrasados y ésta cayó prácticamente sola. El resto ya lo conoce. ¿Le pongo otra?”

miércoles, 27 de octubre de 2010

Las Hermanitas de la Calidad

Hoy nos han dejado en el buzón una carta que tenía un aspecto un poco raruno, francamente.

Lo que más me ha llamado la atención ha sido la parte posterior del sobre:


El remitente está estampado con un sello de goma pero lo más destacado es que el teléfono no lleva el prefijo de Barcelona. Por algún extraño motivo recuerdo perfectamente en qué momento los prefijos provinciales se incorporaron al número de abonado: en el año 1998. No obstante he consultado en la web para confirmar y efectivamente fue el 4/4/98

Eso significa que las Hermanitas de los Pobres llevan COMO MÍNIMO doce años usando el mismo tampón (y hacer un chascarrillo en este punto sería, como mínimo, desagradable).
No sé lo que deber costar hacer un sello nuevo, pero mucha inversión no creo que represente. Aunque claro, siendo las Hermanitas de los Pobres, todo ahorro es poco.

Para mayor ahorro, la carta no lleva sin sello ni ningún tipo de franqueo postal, así que o bien ha venido a la finca una Hermanita o han mandado a un pobre en persona, a saber.
Dentro del sobre viene un folleto informativo a dos colores y con fotos en blanco y negro. Aquí ya he empezado a apreciar un mayor despliegue de medios.

El tríptico charla sobre la Navidad (esta gente se ha adelantado incluso a El Corte Inglés, que ya es decir), la Generosidad (así, con mayúscula) y qué fácil es colaborar con su organización. Ojo al dato, que no tienen para sellos y tampones, pero tienen una página web: http://www.hermanitasdelospobres.es/

La cosa se pone a nivel profesional cuando leo que los donativos pueden realizarse por transferencia bancaria, cheque, giro u otros medios, y que si se requiere, ofrecen recibos para la deducción fiscal.

O sea, que poca broma con las Hermanitas porque cuentan con servicio jurídico, asesoría fiscal y compran las direcciones a una empresa especializada en bases de datos.

Si no fuera porque soy un descreído y un insolidario, hasta me haría gracia hacer una pequeña contribución a la causa.

Pero con las monjas no se juega, que uno acaba recibiendo su merecido.

domingo, 24 de octubre de 2010

The Sign: la señal inquietante

 

Hace un par de semanas nos acercamos al Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges para pasar un poco de mal rollo con alguna de las películas que se proyectaban. Pero lo que nos aguardaba en el pueblo, justo cuando empezaba a caer el sol, superaba con creces todas nuestras expectativas.

Llevábamos unas cuantas vueltas con el coche buscando sitio para aparcar cuando el Sr. O, que iba al volante, localizó el único hueco disponible en una estrecha calle junto a la estación de tren. No fue hasta que nos hallamos justo enfrente cuando advertimos que nos encontrábamos delante de... la señal maldita.

Transcribo y traduzco para aquellos no iniciados en el dominio de lenguas romances:

"Enero-Marzo Mayo-Julio Septiembre-Noviembre excepto los pares de 08 a 20 horas 30 min para Carga y descarga".

En la mayoría de los casos el ciudadano medio huiría confuso, desorientado y con un terrible dolor de cabeza, sin saber siquiera si estaba o no prohibido aparcar en el sitio que ha dejado atrás.

Analicemos el texto, el cual es, a todas luces, obra de un funcionario municipal claramente perturbado.

Repasando mentalmente las lecciones teóricas de la autoescuela creo recordar que lo que se indica dentro del círculo maligno es el detalle de la restricción, y lo que se añade en la placa inferior, son las excepciones a dicha limitación.

Pues bien, esto aquí no sirve porque han pretendido meter tanta información que parte de la excepción está metida dentro del redondel.

Otra cosa que confunde es que los meses prohibidos, a primera vista, son los impares. Pero fijémonos en que están descritos por parejas separadas por un guión, lo cual podría indicar un conjunto de meses.

¿Acaso significa que está prohibido estacionar de Enero a Marzo, de Mayo a Julio y de Septiembre a Noviembre? Eso nos deja como meses buenos Abril, Agosto y Diciembre. El sentido común nos dice que no es así y que los guiones se han colocado por motivos puramente estéticos.

¿Estéticos? La señal de tráfico no respíra estética por ningún lado. La fuente es del estilo del Equipo A y el texto está menos alineado que un poema de Joan Salvat Papasseit. Dejemos estar eso.

Está claro que la excepción a la prohibición está dirigida a la carga y descarga, por lo que no nos afecta como visitantes ocasionales de esta localidad. No obstante, el caprichoso humor del funcionario municipal se encarga de que el gremio de los repartidores tenga que sufrir lo suyo: sólo media hora de cada dos días, en un intervalo a elegir de 720 minutos.

En definitiva, no es de extrañar que encima de la señal haya un sistema de alarma, pues seguro que a más de uno y a más de dos les ha entrado un arrebato y han intentado arrancarla.

Por cierto, nosotros aparcamos ahí. Era 9 de Octubre y pasaban de las 8 de la noche. Si alguien tiene claro si la acción fue legal o no, que no dude en indicarlo.

viernes, 15 de octubre de 2010

Esferificación de hemoglobina

¡Qué lejos quedan aquellos días en los que te daban un bocadillo de jamón a cambio de dar sangre! Recuerdo incluso que hasta en la mili nos daban uno por ir a donar en el hospital naval (siempre puedo acogerme a esto para poder decir que di mi sangre por la Patria).

No sé que ha pasado desde entonces, pero de un tiempo a esta parte, no sólo el mítico bocata ha desaparecido de la escena sanguínea sino que los bollos y las pastas han ido reconvirtiéndose en productos más saludables a la par que aburridos y poco apetecibles.

Por eso, ha sido una agradable sorpresa ver cómo el Banc de Sang i Teixits está organizando sesiones especiales bajo la denominación Tinc Sang de Sibarita, en las que, aparte del típico pack de tentempié dulce o salado, los mejores chefs catalanes ofrecen un pequeño menú con sus más célebres creaciones gastronómicas.


Por la fecha, me ha tocado al intraducible (porque a veces no se le entiende) Ferran Adrià.

El menú reanimator ha consistido en: zumo de naranja natural con gas, coca con esferificación de yogur, nube de palomitas y tortilla de patatas en deconstrucción.

No estaba mal, francamente. Pero debido a que eran las tres y media pasadas, sin comer y con un café en algún rincón de mi intestino ingerido a las nueve de la mañana, no puedo decir que haya quedado saciado, exactamente. Así que me he zampado un zumo de brick, dos botellas de agua, un paquete de grisines.

Y cuando he llegado a casa, me he hecho la comida, claro.