martes, 24 de abril de 2012

Tú mataste a mi padre, prepárate a morir

No sé por qué motivo no había elaborado un post acerca de esta camiseta. De hecho, tengo montones de camisetas de las que contar cosas pero si tengo una preferida, es la que aparece en la imagen. La frase que el espadachín Íñigo Montoya no para de repetir en la Princesa Prometida.


Hay tres motivos principales por los que adoro esta camiseta.

1) Porque me define como persona. Sonará exagerado, pero indica cosas como de qué generación soy o qué es lo que me gusta, por ejemplo.

2) Porque la diseñé yo mismo y la llevé a estampar un día en el que andaba yo un poco despistado.

3) Por las reacciones que provoca, sin duda.

Ayer justamente tuve varias ocasiones para observar la conducta de la gente con la que me cruzaba a lo largo del día.

Hay quien lo disimula pero se queda mirando sin atreverse a decir nada. Deben pensar, ¿y este zumbado?

Están los que te preguntan a saco qué narices llevas ahí. ¿Es una pegatina? Ah, es la camiseta! Y te la has hecho tú? Y a continuación piensan "Vaya zumbado".

De los que te preguntan, hay quienes recuerdan la película y hay quienes no. A estos últimos les digo que no tuvieron infancia, para molestar y que piensen por qué les tendría que sonar la película. Estos últimos deben pensar "menudo freak". Los que la recuerdan pero de aquella manera, piensan lo mismo.

Hubo una que me preguntó si lo que ponía en la camiseta iba en serio. La miré fijamente a los ojos y le dije que sí. Mala conciencia tendría porque se me acojonó un poco. Dado que era la enfermera que me tenía que sacar sangre para la donación, preferí aclarar la situación. "Vaya con el graciosete", adiviné en sus ojos.

Finalmente, paseando por las Ramblas oteando libros, me para un chaval, me señala al pecho y me dice: "Qué grande!". Y nos pusimos a hablar de una peli de hace 25 años y que aparentemente pocos recuerdan.

Puto friki.

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