lunes, 19 de julio de 2010

Movilizándome

Es un poco lamentable decir esto, pero es así: la inutilidad de los demás alimenta mi autoestima.

Retrocedamos tres semanas en el tiempo: el móvil decide tener un ictus y me abandona. Aprovechando el viaje, se lleva consigo la mayor parte de los teléfonos grabados en la agenda, a lo ex-mujer despechada.

Dadas las circunstancias no queda otra que hacerse con otro telefonino. Acudo a una tienda de una de las principales operadoras de telefonía móvil; llamémosle melón (más adelante esta denominación cobrará pleno sentido, ya veréis).

Me dirijo a la dependienta:

-Muy buenas, se me ha escorromuñado el móvil y antes de nada quería saber si hay posibilidad de recuperar los teléfonos de la agenda.

-¿No los tenías guardados en la memoria SIM?

-Algunos. La mayoría estaban en la memoria del teléfono.

-Uy, pues no. Los tendrías que haber almacenado en la memoria SIM.

[Ayyyy, que me ha tocado una experta en pronosticar los problemas a toro pasado].

-Pues nada, ya los iré recuperando poco a poco; con lo bonito que es volver a conseguir los teléfonos de la gente. Quiero un móvil sencillito sencillito.

-¿Cómo de sencillo?

-Llamar y recibir llamadas. Si además envía SMS, cojonudo.

-¿Prepago?

 -Si.

[Lo sé. Soy el prototipo de cliente que todas las compañías se rifan. La razón de vivir de Steve Jobs y compañía].

-Bueno, tenemos este Cacatel por 19 euros y viene con una tarjeta con 12 euros en llamadas.

-Pues  hala, a la saca.

-Lo tenemos en dos colores: blanco y rojo.

[La vida está llena de decisiones complicadas. ¿Cómo afectará la siguiente elección a mi futuro?]

-Blanco está bien.

-El rojo es el que tenemos ahí expuesto, si quieres te lo enseño.

[¿Cuándo entenderán las mujeres que lo primero que elige un hombre es lo que se acabarán quedando?].

-Bueno, enséñamelo.

[El rojo normalmente es un color molón, pero el artista conceptual de Cacatel ha logrado obtener un rojo color-barra-de-labios-Bourjois que hace que mis retinas se estremezcan de puro horror].

-Definitivamente me quedo con el blanco.


-Vale, ¿pagarás en metálico o con tarjeta?

-Metálico.

[Billetazo de veinte; con dos pelotas].

-Bien, porque no nos funcionan las líneas telefónicas. Por eso tampoco te podré hacer la factura. Y no me quedan tarjetas. Están a punto de llegar. Calculo que para el martes que viene ya las tendremos.

-Ehhh...

[Creo que acabo de caer en una especie de trampa vietnamita, pero aún no me hago cargo de cuál va a ser la magnitud de la tragedia]

-Mira, dame tu número y cuando me llegue una tarjeta te aviso.

-Bueno, vale.

[MAL. En ese momento le tendría que haber arrojado el teléfono a la cara, coger mis veinte euros y salir huyendo. Pero decir esto me convierte en un experto en pronosticar problemas a toro pasado, así que retiro lo dicho].

La semana siguiente, como podéis intuir el asunto se complicó.

Continuará.

1 comentario:

  1. omg. cada dia escucho como los imbeciles de esta planeta se vuelven mas y mas pesado. y muchos mas.

    ResponderEliminar

Escribe aquí tu comentario. Sé donde vives y dónde trabajas!